La Librería: el coraje de una mujer que escribe su historia

La Librería (The Bookshop)

La Librería, último film de Isabel Coixet, abre hoy sus puertas en las salas de cine.

En el interior de una sala cualquiera, puedo paladear el olor a libro nuevo que me llega a través de la librería que Isabel Coixet recrea en su última película.

Que su tono y estética intimista no os engañen, La Librería (The Bookshop), no es solo la historia de una viuda que quiere abrir una librería en un remoto pueblo de la costa británica en 1959. Esta película es la lucha de una persona por un sueño. Es el coraje de levantarse obstáculo tras obstáculo, porque sí, la protagonista sufre reveses y fracasos, pero no por eso se abandona ni espera a ser salvada por nadie. Es una mujer tremendamente amable, inteligente y educada, todo eso sin restarle un ápice a su perseverancia y determinación.

La película, basada en la novela homónima de Penelope Fitzgerald, está cuidada al más mínimo detalle a todos los niveles. La fotografía, el clima adverso, la música melancólica y la acogedora librería crean un ambiente nostálgico y envolvente. Casi podemos sentir con la yema de nuestros dedos la rugosidad de las páginas de los libros, la calidez de la madera o la humedad de una vieja pared.

La protagonista

Una delicada Emily Mortimer da vida a la protagonista de este relato, Florence Green, viuda de guerra de mediana edad que decide cumplir el sueño de montar una librería en una casa abandonada del pequeño Hardborough. Los libros son su refugio, su compañía y su cápsula del tiempo, ya que gracias a ellos siente más cerca la presencia de su fallecido marido.

A priori, sus vecinos no parecen estar muy interesados en la literatura, pero ella no desiste. Les descubre a Ray Bradbury con su Fahrenheit 451 y los introduce en el mundo de la controvertida Lolita.

Es la primera vez que veo tan claramente a Isabel Coixet en uno de sus personajes. Esa manera de andar, elegante pero un tanto desgarbada. El nerviosismo contenido de la protagonista en los actos sociales que suponen un compromiso. Su decisión a la hora de hacer lo que quiere, aunque no guste a todo el mundo…

Pero donde verdaderamente he visto reflejada a la directora es en el rostro y en la mirada de la Sra. Green, unos planos cortos cuidados al milímetro, tanto interpretativa como estética y técnicamente, de los que subyace un espíritu humilde, pero fuerte. Una mujer que se desenvuelve torpemente entre convencionalismos pero que a la vez tiene muy claro dónde quiere ir.

La antagonista

Como antagonista, otra mujer, la Sra. Violet Gamart (Patricia Clarkson), una aristócrata que tampoco entra dentro de los estereotipos relegados por la cinematografía a los roles femeninos. Violet es una mujer poderosa que se encapricha la Old House, lugar que acogerá la librería,  justo en el momento en el que el local ya no está disponible.

Viendo la imposibilidad de manejar a la librera a su antojo, algo impensable para ella, comienza a tirar de hilos para imponer su voluntad. 

Sin embargo, en la guerra entre estas dos mujeres no hay salidas de tono estridentes, ni violencia, si no que todas las batallas se desenvuelven dentro del estricto saber estar británico. No hay palabras malsonantes, hay respuestas cargadas de ironía, de segundas lecturas. Hay emociones, pero no sensiblerías. Hay pasión, pero no abruptos arranques irracionales.

Los aliados de Florence Green

Un inesperado aliado se une a Florence Green, el Sr. Brundish (Bill Nighy), un hombre sin ningún interés por las personas que vive arropado por los libros. Brundish descubre en Florence cualidades que ya creía imposibles de encontrar en el ser humano. Tanto, que le merece la pena abandonar su retiro voluntario para ayudarla. De su conversación con la Sra. Gamart sale uno de los diálogos más memorables del film.

Y, por último, la pequeña Christine (Honor Kneafsey), una niña inteligente y avispada que ayuda a la Sr. Green con la librería al salir del colegio. Pero Christine es mucho más que un personaje de relleno. Es la única que parece tener el coraje y la autodeterminación que falta en el pueblo.

 

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